La importancia de nombrar el daño social: más allá del procedimiento judicial

La importancia de nombrar el daño social: más allá del procedimiento judicial

Hoy he leído una noticia sobre el veredicto por la muerte de Sergio en Burgos, publicada en El Norte de Castilla, y no puedo evitar detenerme en una reflexión que, como trabajadora social y perita en ejercicio libre, me atraviesa profundamente.

En los procedimientos judiciales hablamos de hechos.
De pruebas.
De intencionalidad.
De tipificaciones penales.

Pero, en muchas ocasiones, no hablamos de lo que ocurre después.

No hablamos del impacto social, emocional y vital que deja una muerte violenta en una familia.
No hablamos del duelo traumático.
No hablamos del antes y el después en la vida cotidiana.
No hablamos del daño social.

Y ese vacío no es casual. Existe porque, si nadie traduce ese impacto al lenguaje técnico que el sistema judicial puede reconocer, simplemente no puede ser valorado.

Ahí es donde el trabajo social pericial adquiere todo su sentido.

Un informe pericial social no cambia los hechos.
No sustituye al derecho penal.
No determina culpabilidades.

Pero sí aporta algo imprescindible: convierte el impacto humano en evidencia técnica.

Porque una muerte no es solo una causa penal.
Es una ruptura de proyecto vital.
Es una transformación profunda en la estructura familiar.
Es un duelo complejo que afecta a la salud, al empleo, a la economía, a las relaciones y al futuro.

Y todo eso también es daño.

Cuando este impacto no se incorpora al procedimiento mediante una valoración técnica, no forma parte de la decisión judicial. No porque no sea relevante, sino porque no ha sido acreditado como prueba.

El peritaje social permite:

– Documentar el daño social y familiar.
– Analizar las consecuencias en la vida cotidiana y en la salud emocional.
– Valorar necesidades de apoyo, protección o reparación.
– Aportar contexto humano a los procedimientos judiciales.

La justicia necesita pruebas.
Y el sufrimiento, por sí solo, no es una prueba si no se convierte en evidencia técnica.

Por eso, el peritaje social no es un complemento. Es una herramienta necesaria para que la justicia pueda acceder a la realidad completa de las personas implicadas.

A veces, la pregunta no es solo qué ha pasado.
También es qué ha provocado.

Y eso también merece ser escuchado.

Desde aquí, todo mi respeto y acompañamiento a la familia. No hay palabras que puedan aliviar una pérdida así. Ojalá la sociedad y la justicia sean capaces de mirar también el impacto humano que permanece cuando el proceso judicial termina.

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